M�s que Vencedores |
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Cuando escribi� a la Iglesia de Roma, el ap�stol Pablo emple� los primeros dos cap�tulos para establecer cu�l es la necesidad universal del hombre. Partiendo de esta premisa, continu� en el tercer cap�tulo mostrando que con el pecado s� se puede tratar y que la justicia es posible a trav�s de Jesucristo. Los dos cap�tulos que siguen los us� para ense�ar la justificaci�n por la fe. Contrastando la relaci�n que hay entre pecado/muerte y obediencia/justicia, Pablo resumi�, �As� que, como por la transgresi�n de uno vino la condenaci�n a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres [el regalo de] la justificaci�n de vida� (Romanos 5:18). El sexto cap�tulo muestra nuestra necesidad de una identificaci�n plena con el Se�or resucitado, en tanto que nos consideramos �muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jes�s, Se�or nuestro� (vers�culo 11). Se�alando que �el pecado no se ense�orear� de vosotros� (vers�culo14) a causa de la maravillosa provisi�n de la gracia de Dios, Pablo desafi� a los Romanos, y a nosotros, a ser siervos de justicia. El s�ptimo cap�tulo revela la frustraci�n que encontramos cuando intentamos por primera vez caminar en una nueva vida. Aunque en el hombre interior nos deleitamos en la ley de Dios, encontramos que sigue habiendo un conflicto con nuestra carne. Pablo cerr� el cap�tulo con este clamor angustioso, ��Miserable de m�! �Quien me librar� de este cuerpo de muerte?� Despu�s vino la bendita respuesta indicando donde se encuentra la liberaci�n: �Gracias doy a Dios, por Jesucristo Se�or nuestro� (vers�culos 24-25). El octavo cap�tulo de Romanos nos da una visi�n de nuestra posici�n y llamado en Cristo. Es un cap�tulo glorioso, que revela los principios que cambiar�n las vidas de todos aquellos que se apegan a ellos. En este art�culo, comenzando con el vers�culo 31, dar� una vista general a estos principios.
��Qu�, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, �Qui�n contra nosotros?� El �nfasis de este cap�tulo entero est� fundado en la premisa de que Dios est� por nosotros. �l nos ama, y desea que vivamos en el pleno potencial que hay en nuestro llamado en Cristo. Quiere que tengamos una victoria total sobre todo enemigo que se atreva a levantarse contra nosotros. Este cap�tulo contiene el plano que revela que, �Ninguna arma forjada contra ti prosperar�, y condenar�s toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehov�, y su salvaci�n de m� vendr�, dijo Jehov� (Isa�as 54:17). Al comenzar este estudio, es importante notar que no se trata de QU� est� contra nosotros, sino de QUI�N est� contra nosotros. Las circunstancias y las situaciones con las que nos encontramos a diario son simplemente las evidencias visibles de QUI�N est� contra nosotros. Cualquier lucha que tengamos no es contra gente ni cosas materiales, sino contra principados y potestades. Cada d�a estamos en un conflicto a muerte con un enemigo invisible que se ha determinado a destruirnos. Una de nuestras mayores �reas de necesidad es la de estar conscientes de las t�cticas de Satan�s. �l continuamente trata de �hurtar, matar y destruir� la vida abundante que tenemos disponible a trav�s de Jesucristo (Juan 10:10). Nos ataca implacablemente y, demasiado a menudo, a causa de que �ignoramos sus maquinaciones� (II Corintios 2:11) obtiene la victoria sobre nosotros. Es principalmente por nuestra ignorancia de las estrategias de Satan�s que vivimos en derrota espiritual. Tal derrota nos somete a una cautividad creciente al pecado, enfermedad, y m�s maldad (Isa�as 5:13), hasta que llegamos a perder totalmente de vista qui�n somos en Cristo. En los vers�culos que siguen, Pablo desvela el triple ataque que el adversario usa en nuestra contra. Primeramente pregunta, ��Qui�n acusar� a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica� (vers�culo 33). El lenguaje utilizado en esta pregunta es un lenguaje judicial, como el que se utilizar�a en un tribunal. Se usa como alegato o cargo contra el defendido, que, en este caso, es el elegido de Dios. El alegato que el adversario trata de usar en contra nuestra es que no estamos reuniendo alguno de los requisitos necesarios para asegurarnos una posici�n positiva con Dios. Es un ataque sobre nuestra posici�n espiritual y nuestra relaci�n con Dios, y un ataque deliberado contra nuestros derechos de pacto en Cristo Jes�s. El adversario trata de debilitar nuestra confianza en la posici�n y los derechos que tenemos en Cristo. Sabe que, de tener �xito, podr� eliminar completamente cualquier sentimiento de comunicaci�n significativa que podamos tener con el Se�or. Si logra conseguir eso, entonces nos podr� dirigir en cualquier direcci�n que escoja, sin que nosotros sospechemos a donde nos est� llevando. No obstante, a pesar de sus alegaciones en contra nuestra, podemos reposar en la seguridad de que �abogado tenemos para con el padre, a Jesucristo el justo. Y �l es la propiciaci�n por nuestros pecados� (I Juan 2:1-2). Permanecemos confiadamente, sabiendo que es �Dios el que justifica�. Nuestra posici�n con Dios no se basa en nuestro propio valor, o nuestras buenas obras sino que ha sido asegurada por Jesucristo, y descansa sobre la declaraci�n de Dios de que somos justos, a causa de su expiaci�n. A medida que crece en nuestro esp�ritu la confianza en esta certeza, la obediencia efectiva a Su palabra viene a ser nuestra forma de vida.
Si el enemigo no consigue debilitar nuestra fe en la certeza de nuestra posici�n en Cristo, se mueve a la segunda fase de su ataque sobre nosotros �la acusaci�n. �l o saca el pasado y trata de acusarnos, o apunta al futuro e intenta excusarnos. Ambas estrategias son un intento de mantener nuestro enfoque al margen de permitir al Se�or que sea nuestra realidad presente. ��Qui�n es el que condenar�? Cristo es el que muri�; m�s aun, el que tambi�n resucit�, el que adem�s est� a la diestra de Dios, el que tambi�n intercede por nosotros� (vers�culo 34). Las acusaciones que Satan�s usa en esta segunda fase son un ataque contra nuestro bienestar emocional. Intenta acusarnos de fracasos pasados, tratando de conseguir que aceptemos culpa y condenaci�n. Sabe que si puede conseguir que asintamos a sus acusaciones, nos separar� de cualquier conciencia del amor de Dios, as� como de su provisi�n presente. Desafortunadamente, este tiende a ser el �rea de m�s �xito de su estrategia. Si el enemigo no nos puede condenar con el pasado, nos se�ala las debilidades de nuestra carne, e intenta eliminar la esperanza de una victoria futura. Su estrategia es hacer que miremos a nuestras propias incapacidades, en lugar de reposar en la provisi�n perfecta de Dios. �Gracias a Dios por su maravillosa provisi�n! Pablo se�al� que Cristo complet� la expiaci�n, se levant� de entre los muertos y ascendi� a la mano derecha de su padre. Desde esa posici�n exaltada, ahora �l intercede por nosotros. Necesitamos responder a la obra consumada de Cristo. Si no tenemos pecados sin confesar en nuestra conciencia, ninguna acusaci�n contra nosotros podr� prevalecer en los tribunales del cielo, ya que �nuestro abogado personal se asegurar� de ello! Si el adversario no logra someternos a condenaci�n por fracasos pasados, �l lanza su tercer y m�ximo objetivo. En un esfuerzo total de separarnos de la seguridad del amor de Dios, utiliza cada circunstancia que pueda reunir contra nosotros. As� que Pablo pregunta, ��Qui�n nos separar� del amor de Cristo? �Tribulaci�n, o angustia, o persecuci�n, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?� (vers�culo 35). Al mirar este vers�culo, nos daremos cuenta de que cada situaci�n enumerada aqu� se relaciona directamente con la esfera f�sica. Por lo tanto, si Satan�s no ha tenido �xito en destruir nuestro bienestar espiritual o emocional, �l trae presi�n a la dimensi�n f�sica. Su objetivo en cada �rea de ataque siempre es el mismo: causar separaci�n de toda conciencia del amor de Dios hacia nosotros. Sabe que si puede separarnos de la certeza de que estamos seguros en el amor de Dios, ha ganado la batalla. Satan�s utiliza la adversidad para tratar de convencernos de que si Dios realmente nos amara, nada ir�a mal nunca. Susurra, �Si Dios te amara de verdad, si de verdad a �l le importaras, tales cosas nunca te ocurrir�an�. Pero la verdad es que el amor de Dios est� extendido hacia nosotros, no obstante cual sea la situaci�n o la circunstancia que enfrentemos cada d�a.
Tendremos victoria sobre la tentaci�n y el pecado al estar realmente conscientes del amor de Dios hacia nosotros. Cualquier cosa que cause una brecha en esa seguridad, tendr� como resultado una derrota humillante en manos del enemigo. Sabiendo �sto, el adversario utiliza todo lo que puede para tratar de separarnos de esa certeza. Desde su punto de vista, se nos mira como �ovejas de matadero� (vers�culo 36). En el siguiente vers�culo, Pablo responde, �Mas, en todas estas cosas somos hechos m�s que vencedores por medio de aquel que nos am�. (En el pensamiento original, ser �m�s que vencedores� significaba que �una victoria trascendental hab�a sido ganada�.) La fe victoriosa hacia Dios s�lo es posible a causa de Su amor hacia nosotros. Como dice en G�latas 5:6, �En Cristo Jes�s ni la circuncisi�n vale algo, ni la incircuncisi�n (es decir, el apoyarnos en nuestros propios esfuerzos para agradar a Dios); sino la fe que obra por el amor�. Esto demuestra que la fe hacia �l llega a ser efectiva a medida que nos damos cuenta de Su amor hacia nosotros �es una respuesta mutua. Como lo pone I de Juan 4:19, �le amamos, porque primeramente �l nos am�. Si no estamos conscientes del amor de Dios, no confiaremos en �l, ni tampoco confiaremos en la palabra que nos da. Toda nuestra relaci�n con Dios ha de estar basada en amor: Su amor hacia nosotros, y nuestro amor hacia �l. Cualquier otra base para la relaci�n ser�a edificar en la conciencia del ego, es decir, alguna forma de ganancia en lugar de piedad. Esta es la raz�n por la que Satan�s intenta tanto separarnos de la conciencia del amor de Dios. Sabe que si estamos participando de Su amor conscientemente, �no podemos ser derrotados! Y por lo tanto, �le ganaremos una victoria decisiva! Bas�ndose en esta maravillosa verdad, Pablo continu�: �Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, �ni ninguna otra cosa creada nos podr� separar del amor de Dios, que es en Cristo Jes�s Se�or nuestro� (vers�culos 38-39). Necesitamos estar igualmente persuadidos de que nada nos puede separar del amor de Dios. No importa lo que se cruce en nuestro camino, podemos descansar en la certeza de que nos ama, y quiere hacernos bien. Nunca debemos permitir que nada, o nadie nos convenza de lo contrario. Aunque es imposible que alguien, o cualquier circunstancia, nos separe del amor de Dios, s� podemos salirnos de �l en cualquier momento. Dios no nos ata en forma alguna. Tenemos el poder de rehusar, y de esta forma nulificar cualquier beneficio que podr�amos recibir de �l. Podemos hacer esto simplemente al no responder a su poder persuasivo. Aunque la separaci�n no viene en un momento, el rechazo continuo de la provisi�n amorosa de Dios finalmente traer� una separaci�n de �Aqu�l Que es el Proveedor�. En el libro de Romanos 1:21-32 nos da un aviso solemne para aquellos que una vez �conocieron a Dios�, y despu�s escogieron alejarse de �l. Hicieron la elecci�n porque no quer�an retenerle en su conocimiento. En consecuencia, un Dios de amor no pod�a hacer otra cosa mas que honrar esa elecci�n voluntaria, y entregarles a sus propios planes. Ahora que hemos dejado claro donde est� la batalla, y los utensilios para ganar una victoria decisiva sobre las t�cticas enemigas, estamos en una mejor posici�n para comprender el resto de este glorioso cap�tulo. Continuar� nuestro estudio con el primer vers�culo.
�Ahora, pues, ninguna condenaci�n hay para los que est�n en Cristo Jes�s, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Esp�ritu� (Romanos 8:1). La libertad de la condenaci�n no es algo que tenga que ser buscado, o experimentado en alg�n momento del lejano futuro. Tiene que ser nuestra porci�n aqu�, �y ahora! Podemos tener una liberaci�n completa de la condenaci�n ahora mismo porque, �la ley del Esp�ritu de vida en Cristo Jes�s, me ha librado de la ley de todo pecado y muerte� (vers�culo 2). Tomemos nota de que este vers�culo no est� diciendo, �la ley del esp�ritu de vida ME EST� librando�, o que �ME VA a librar�. Dice, �la ley del esp�ritu de vida ME HA librado�. Nosotros, los que hemos recibido a Jesucristo, fuimos liberados por regeneraci�n. Ocurri� en el momento de nuestra conversi�n cuando nacimos de la palabra y el Esp�ritu. La libertad de la condenaci�n no es algo que tiene que conseguirse sino que es algo que �hay que creerse! La vida regenerada dentro de nosotros fue creada libre. No fue creada libre AL pecado; fue creada libre DEL pecado y de la muerte. (Aqu� hay que se�alar que en los primeros 14 vers�culos de este cap�tulo, la palabra �esp�ritu� se escribe con may�scula. Esto nos hace creer que cada vez que se menciona esa palabra est� haciendo referencia al Esp�ritu Santo. No obstante, un estudio cuidadoso mostrar� que a lo que se refiere en realidad es a la vida espiritual, nueva, regenerada que hay dentro de nosotros. El esp�ritu �nuevo�, regenerado se contrasta con la carne �vieja�, sin regenerar. Hacer esta distinci�n nos ayudar� a comprender lo que Pablo estaba desarrollando. El Esp�ritu Santo primero se menciona en el vers�culo 16, y luego en los vers�culos que siguen.)
Pablo explica la raz�n de esta nueva libertad en el vers�culo 3. �Porque lo que la ley no pudo hacer, Dios� (hizo cuando) �enviando a su propio hijo en la semejanza de carne pecaminosa�, y como ofrenda de pecado, �l �conden� el pecado en la carne� (es decir, cuando estaba aqu� como Hijo del Hombre). Cuando Jes�s cumpli� su ministerio terrenal como Hijo de Hombre, destruy� �las obras del diablo� (I Juan 3:5,8) y conden� (dict� sentencia en contra) al pecado. Lo hizo estando limitado en un cuerpo f�sico y natural, y a pesar del hecho de que fue probado en cada �rea de tentaci�n com�n al hombre (Hebreos 4:15-16). Al vencer las tentaciones con las que se enfrent�, Jes�s capacit� a �la justicia de la ley para que se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Esp�ritu�. (Ese requisito �de la justicia� de la ley de Dios nunca ha sido revocado �ha de ser cumplido.) La vida de Jes�s, que cumpli� la ley, fue una revelaci�n de la calidad de vida que Dios espera de Su pueblo. Y, �c�mo es posible tener una vida tan victoriosa? Viviendo en la ley del esp�ritu de vida (la vida de Cristo en nosotros) en respuesta directa a su amor hacia nosotros. Cuando Jes�s cumpli� la justicia de la ley, a trav�s del principio de identificaci�n con �l, tambi�n lo hicieron todos los que �est�n en �l�. El principio de esta verdad se revela en Hebreos 7:1-10. En los vers�culos 9 y 10, se dice de Lev� que pag� los diezmos a Melquisedec, �tres generaciones antes de haber nacido! Los pag� �en los lomos de su padre�, Abraham. Cuando Abraham pag� los diezmos, Lev� pag� los diezmos; cuando Abraham fue bendecido por Melquisedec, sus descendientes fueron bendecidos por Melquisedec. (Tomen nota, este principio no excus� a Lev� de pagar los diezmos en su propia generaci�n; se requiri� que lo hiciese [N�meros 18:26-28]. De la misma manera, Jes�s no cumpli� la justicia seg�n la ley para que no tuvi�semos que cumplirla �la cumpli� para que nosotros la pudi�semos cumplir en �l.) Este misterio se entiende mejor en la frase, �porque as� como en Ad�n todos mueren, tambi�n en Cristo todos ser�n vivificados� (I Corintios 15:22). Sabemos que toda la humanidad es formada en iniquidad y concebida en pecado (Salmos 51:5) a causa de las transgresiones de Ad�n. De la misma manera, todos los que est�n �en Cristo ser�n vivificados� a causa de la vida de Cristo. Con esto en mente, no deber�a ser demasiado dif�cil entender c�mo todos los que est�n �en Cristo� pueden cumplir el requisito de justicia que hay en la ley ya que, lo cumplimos porque est�bamos �en �l� cuando �l lo cumpli�. Lo �nico que necesitamos hacer es responder en fe a la posici�n que tenemos en �l. Dios solamente ve dos hombres en la tierra, y toda la humanidad se incluye o en uno o en otro. Todos los que no han sido regenerados est�n �en Ad�n�, el hombre de la vieja creaci�n, y todos los que han sido regenerados est�n �en Cristo�, el hombre de la nueva creaci�n. La vieja creaci�n est� muerta delante de Dios, y la nueva creaci�n �ha sido vivificada en Cristo!
Continuando con los vers�culos 5-8 vemos un contraste brusco entre vivir de acuerdo a la carne y vivir de acuerdo al esp�ritu. �Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Esp�ritu, en las cosas del Esp�ritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Esp�ritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios ni tampoco pueden; y los que viven seg�n la carne no pueden agradar a Dios�. Estos vers�culos revelan el verdadero objetivo del persistente ataque que Satan�s ha lanzado contra nosotros: quiere que estemos de acuerdo con su razonamiento diab�lico. En el momento en el que se produce tal acuerdo, la mente carnal comienza a trabajar. El resultado final del razonamiento carnal siempre es una medida de muerte espiritual. La mente carnal no puede ser sujeta a la ley (principio) de Dios porque siempre est� de acuerdo con Satan�s. Cada coincidencia con el razonamiento sat�nico est� en oposici�n directa con la provisi�n amorosa de Dios. Por lo tanto, la l�gica de todo razonamiento carnal puede reducirse en una frase muy clara: la provisi�n de Dios no es suficiente para suplir mi necesidad presente. Para decirlo de modo que se entienda, todos los que est�n �en la carne�, (de acuerdo con el razonamiento carnal) no pueden agradar a Dios. Para agradar a Dios, necesitamos poner nuestra completa confianza en su provisi�n (Hebreos. 11:6). A veces es necesario ejercitar fe en esa provisi�n, a pesar de la aparente evidencia de lo contrario. Es necesario mencionar que Romanos fue escrito a los �amados de Dios, llamados a ser santos� en Roma (Romanos 1:7) y no a los incr�dulos. Sabiendo esto, el texto no dice, �el ocuparse de la carne ERA muerte� como si no se aplicase en el presente. Sino que est� diciendo enf�ticamente, �el ocuparse de la carne ES muerte,� de esta manera aclarando que los efectos del razonamiento carnal son tan mort�feros para los cristianos como para los incr�dulos. El siguiente vers�culo da una de las claves m�s importantes en la Escrituras, en lo que se refiere a un caminar victorioso con Cristo. �Mas vosotros no viv�s seg�n la carne, sino seg�n el Esp�ritu, si es que el Esp�ritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Esp�ritu de Cristo, no es de �l� (vers�culo 9). La Biblia amplificada dice: �Mas vosotros no est�is viviendo la vida de la carne, est�is viviendo la vida del esp�ritu, si el Esp�ritu (Santo) de Dios [realmente] mora en vosotros �os dirige y controla. Pero, si alguno no posee el Esp�ritu (Santo) de Cristo, no es Suyo �no pertenece a Cristo [ciertamente no es un hijo de Dios]�. Si continuamente estuvi�semos de acuerdo con la palabra de este vers�culo, toda nuestra perspectiva de la vida ser�a diferente. Desafortunadamente, nuestra perspectiva habitual es completamente opuesta a la verdad que se revela aqu�. La mayor parte del tiempo nos vemos en �la carne� y pensamos que tenemos que hacer algo para �entrar en el esp�ritu�. Sin embargo, el texto claramente revela que si el Esp�ritu de Cristo mora en nosotros, estamos en el esp�ritu regenerado. La escritura nos dice que cada hijo que nace de nuevo de Dios tiene el Esp�ritu de Dios en �l: ��No sab�is que sois templo de Dios y que el Esp�ritu de Dios mora en vosotros?� (I Corintios 3:16). ��O ignor�is que vuestro cuerpo es templo del Esp�ritu Santo el cual est� en vosotros? (I Corintios 6:19). �Y por cuanto sois hijos, Dios envi� a vuestros corazones el Esp�ritu de su Hijo, el cual clama: Abba, Padre!� (G�latas 4:6; etc.). En respuesta a esta verdad, nuestro enfoque de la vida en todos sus aspectos deber�a realizarse desde la base de estar �en el esp�ritu�. Si no adoptamos esta posici�n escritural, nos hacemos mucho m�s vulnerables a los agresivos ataques del adversario.
Vivir con la idea de que estamos �en la carne� hasta que hagamos algo para �entrar en el esp�ritu�, nos predispone a tratar de utilizar nuestras propias obras para agradar a Dios. No obstante, cuando �hacemos� algo intentando �obtener� algo de Dios, esto es una obra muerta de la que nos tenemos que arrepentir. En otras palabras, no necesitamos hacer nada para �entrar� en el esp�ritu. Estamos en el esp�ritu en virtud del hecho de haber nacido del Esp�ritu Santo. �Es imposible haber experimentado renacimiento espiritual sin tener al esp�ritu de regeneraci�n en nosotros! Habiendo ahora sido �vivificados�, �necesitamos identificarnos con la nueva vida que tenemos! Quiz� alguien pregunte, ��qu� pasa si fallo y respondo a una situaci�n en la carne?� La respuesta es simple: arrepi�ntete, y confiesa tu fracaso al Se�or. El Se�or entonces te lava, y vuelves a estar en comuni�n con Dios y �en el Esp�ritu� (I Juan 1:9). Un acto de desobediencia (pecado) no afecta a nuestra posici�n en el Se�or �afecta a nuestra comuni�n con �l. La p�rdida de comuni�n con �l es su manera de hacernos saber que algo no est� bien entre nosotros. Pero si practicamos la desobediencia por un per�odo de tiempo, ya estamos hablando de un asunto totalmente distinto. Esa pr�ctica pone toda nuestra relaci�n con Dios en peligro. La escritura es clara cuando dice que dos no pueden caminar juntos a menos que est�n de acuerdo (Amos 3:3). En otras palabras, tiene que haber armon�a entre ellos. Se conserva la armon�a con Dios cuando su palabra es el standard de ese entendimiento mutuo. Por lo tanto, el cumplir con su palabra ��l la mantiene y nosotros respondemos a ella� es el v�nculo mutuo que mantiene nuestra relaci�n intacta. Continuando en la verdad de nuestra posici�n en Cristo, Colosenses 2:6 dice, �Por tanto, de la manera que hab�is recibido al Se�or Jesucristo, andad en �l�. �C�mo recibimos a Cristo? Le recibimos por fe. Este texto dice que tenemos que caminar (vivir) en �l de la misma manera que le recibimos: �por fe! El �nico requisito que necesitamos para caminar con �l, es decir, caminar en el Esp�ritu, es recibirle. As� como cre�mos la palabra de que nuestros pecados fueron perdonados cuando le recibimos la primera vez, necesitamos tambi�n creer que estamos en �l, y vivir la vida desde esa perspectiva. Cualquier cosa que queramos a�adir a esa simple respuesta de fe ser� una obra de la carne �un producto de nuestro propio razonamiento carnal. En resumen, el principio que expone este vers�culo es que necesitamos adoptar la postura de que estamos en el Esp�ritu regenerado hasta que nos demos cuenta de que no lo estamos. Y una vez que nos damos cuenta de que nuestra relaci�n con Dios est� rota (o sea, que estamos en la carne), inmediatamente necesitamos arrepentirnos, volvernos al Se�or y, en un acto que concuerda con su palabra, volver a entrar en comuni�n con �l. Esto nos devuelve al Esp�ritu y, por fe, �podemos caminar en �l! Comprender este principio tan simple, y al mismo tiempo profundo, nos capacitar� para entrar plenamente en el �reposo� de Dios. Al vivir en ese reposo, el tener una vida vencedora y victoriosa ser� un hecho.
Pablo sigui� aclarando nuestra posici�n en Cristo en el vers�culo diez, diciendo, �Pero si Cristo est� en vosotros, el cuerpo en verdad est� muerto (bajo sentencia de muerte) a causa del pecado, mas el esp�ritu vive (es vivificado) a causa de la justicia�. La carga de Pablo era mostrarnos que Cristo es nuestra vida. Tambi�n escribi� a los Colosenses que es �Cristo en vosotros, la esperanza de gloria� (Colosenses 1:27). Nuestro hombre natural est� condenado a muerte, por lo tanto tenemos que sacar nuestra vida, la presente y la futura, de la vida espiritual regenerada que est� en nosotros. Pablo entend�a que, �si el Esp�ritu de aquel que levant� de los muertos a Jes�s mora en vosotros, el que levant� de los muertos a Cristo Jes�s vivificar� tambi�n vuestros cuerpos mortales por su Esp�ritu que mora en vosotros� (vers�culo 11). Bas�ndose en la verdad de que toda vida proviene del nivel espiritual, (�El esp�ritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha� [Juan 6:63]), Pablo dijo que tenemos una responsabilidad, una deuda, de vivir por el Esp�ritu. �As� que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne� (vers�culo 12). Aunque no se dice, la ant�tesis de esto ser�a, �Hermanos, estamos endeudados con el esp�ritu regenerado por nuestra vida; y ya que lo estamos, necesitamos vivir en el Esp�ritu!� Bas�ndose en esta premisa, el siguiente vers�culo nos da un incentivo para caminar en el Esp�ritu: �porque si viv�s conforme a la carne, morir�is; mas si por el Esp�ritu hac�is morir las obras de la carne, vivir�is� (vers�culo 13). De nuevo hemos de recordar que �sto no fue escrito a los que no han sido regenerados. Fue escrito a gente que ya se hab�a allegado al Se�or y recibido el perd�n de pecados. Tambi�n hay que notar que la muerte de la que aqu� se habla no es f�sica �es una muerte espiritual. Vida y muerte espirituales son resultado directo de las elecciones que hacemos, aun despu�s de haber recibido a Cristo como nuestro salvador. De acuerdo con el principio de la siembra y la siega (G�latas 6:7-8), s�lo podemos esperar disfrutar los beneficios del nivel espiritual cuando escogemos vivir nuestra vida en el Esp�ritu.
Con esto en perspectiva, podemos entender el vers�culo catorce: �Porque todos los que son guiados por el Esp�ritu de Dios, �stos son hijos de Dios�. �Son guiados� en el original insin�a una acci�n continua realizada por elecci�n, o lo que es igual, �permitir ser guiados�. Esto es significativo porque, si vamos a ser guiados por el Esp�ritu, tenemos que ser moldeables y sensibles a la voz de Dios. Somos guiados por el Se�or cuando el Esp�ritu Santo se mueve sobre nuestro esp�ritu regenerado y nos muestra su voluntad. El resultado es que caminaremos en el camino del Se�or en respuesta a la palabra que hemos o�do. Todo esto se expone claramente en Ezequiel 36:26-27: �Os dar� coraz�n nuevo, y pondr� esp�ritu nuevo (esp�ritu regenerado) dentro de vosotros; y quitar� de vuestra carne el coraz�n de piedra, y os dar� un coraz�n de carne. Y pondr� dentro de vosotros mi Esp�ritu, y har� que and�is en mis estatutos, y guard�is mis preceptos, y los pong�is por obra�. Habiendo conocido la voluntad de Dios para nosotros en el pasado, no es suficiente para el presente. Tenemos que estar al tanto de su voluntad presente si vamos a ser guiados por �l. Muchas veces nos comprometemos con la palabra que el Se�or dio en el pasado, sin o�r lo que est� diciendo en el presente. Sin embargo, vivir en la �palabra de ayer� es la base para convertirse en religioso; viviendo de �la palabra de hoy� es la esencia para permanecer espirituales. �La palabra de ayer� tiende a producir una forma muerta; para escuchar la �palabra de hoy� se requiere tener una relaci�n viva. Aunque si debemos estar comprometidos a hacer lo que el Se�or dijo en el pasado, igualmente tenemos que estar comprometidos a hacer lo que est� diciendo en el presente. Recuerden, Jes�s dijo que tenemos que vivir de �toda palabra que procede� de la boca de Dios, no de �cada palabra que procedi� de su boca (Mateo 4:4). Uno est� en tiempo pasado, el otro est� en tiempo presente. La raz�n por la que podr�amos tener la tendencia a ignorar la palabra presente de Dios es que �sta nos doblega m�s que la primer palabra que recibimos. De forma que, si la instrucci�n pasada era aceptable, nos sentimos seguros manteni�ndola. Sin embargo, si vamos a permanecer a la vanguardia de la fe, tenemos que responder a la palabra que Dios est� hablando ahora. �C�mo conocer la guianza del Esp�ritu Santo? En realidad no es tan dif�cil como podr�amos pensar. Al acogernos al amor de Dios y entregarle nuestro camino, �l nos revela su voluntad. As� pues, cuando respondemos a su voluntad revelada, estamos siendo guiados por la influencia del Esp�ritu Santo sobre nuestro esp�ritu regenerado.
Salmos 37:3-11 revela una �f�rmula� para caminar en la voluntad de Dios paso-a-paso. El primer paso es, �Conf�a en Jehov� y haz el bien�. Al nosotros confiar en �l, y comenzamos a relajarnos en su fidelidad hacia nosotros, llegamos a la segunda etapa: �Del�itate asimismo en Jehov�, Y �l te conceder� las peticiones de tu coraz�n�. La palabra �deleite� en este vers�culo significa ser moldeable, ser blando, y es la ra�z hebrea de la palabra en el ingl�s �effeminate� (que quiere decir, asumir una posici�n subordinada). Al asumir una actitud sumisa hacia �l, �l se hace autor de los deseos que se levantan en nuestro coraz�n. No necesitamos preocuparnos de que esos deseos salgan de nuestro coraz�n natural y despu�s �l los conceda. Sino que, al confiar y deleitarnos en �l, �Dios es el que en vosotros produce as� el querer como el hacer, por su buena voluntad� (Filipenses 2:13). Al levantarse en nuestro coraz�n redimido deseos inspirados por Dios, podemos �Encomendar nuestro camino al Se�or; confiar en �l; Y �l har�. Nuestro coraz�n sumiso y la influencia de Dios en �ste, forman el principio b�sico para ser guiado por el Esp�ritu. �Acaso podemos confiar en los deseos de nuestro coraz�n? �No es �enga�oso el coraz�n m�s que todas las cosas y perverso� (Jerem�as 17:9)? Si esa sigue siendo la condici�n de nuestro coraz�n, �necesitamos nacer de nuevo! Si hemos sido regenerados, se nos ha dado un coraz�n nuevo, un esp�ritu nuevo, y una nueva direcci�n en la vida (Ezequiel 18:30-32). El Se�or dijo que el coraz�n nuevo que �l nos da desear� conocerle, (Jerem�as 24:6-7) y lo contrasta con el coraz�n de los que no han sido regenerados (Ezequiel 11:17-21; 36:24-28). Al encomendar nuestro camino al Se�or, el Esp�ritu nos empuja, con gentileza, a una conformidad que crecer� para siempre a la voluntad y prop�sito del Padre. Esto se confirma por el inconfundible cambio de deseo que se levanta en nuestro nuevo coraz�n. Estamos de acuerdo con el Salmista cuando dijo, �El hacer tu voluntad, Dios m�o, me ha agradado, Y tu ley est� en medio de mi coraz�n� (Salmos 40:8). Cuando nuestro camino le es entregado, podemos �descansar en el Se�or y esperarle pacientemente�. Al descansar en �l, cesamos de hacer nuestras propias obras, y nos deleitamos �en la abundancia de paz�. Ahora que nuestra voluntad a venido a ser Su voluntad, y viceversa, nos puede guiar de la manera que �l escoja.
Podemos encomendar nuestro camino al Se�or sin vacilar porque no hemos �recibido el esp�ritu (caracter�stica) de esclavitud para estar otra vez en temor (queriendo decir que aquello que hemos recibido de Dios no nos va a llevar de vuelta a la esclavitud) sino que hab�is recibido el esp�ritu (caracter�stica) de adopci�n, por el cual clamamos: �Abba, Padre!� (vers�culo 15). Todo lo que Dios ha puesto en nosotros en la regeneraci�n fue dado con un prop�sito � prepararnos para la adopci�n, es decir, �traernos a un estatus de hijos! Por lo tanto, �todos los deseos que provienen de nuestro regenerado coraz�n nos llevar�n a este fin! Dios nunca nos guiar� a la esclavitud: ��l s�lo nos guiar� a la libertad de una plena regeneraci�n! Desde esta perspectiva, Pablo sigue profundizando en el vers�culo 16 y revela la gloria de nuestro llamado en Cristo. Dijo que podemos clamar, �Abba, Padre� porque, �El Esp�ritu mismo da testimonio a nuestro esp�ritu, de que somos hijos de Dios: Y si hijos, tambi�n herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con �l, para que juntamente con �l seamos glorificados�. El Esp�ritu Santo es introducido aqu� como aquel que da testimonio a nuestro esp�ritu regenerado de que somos los hijos de Dios. Y, siendo sus hijos, somos sus herederos. No somos solamente herederos de sus bienes, sino ��herederos de Dios�! La manera en que est� escrito insinua que la herencia consiste en todo lo que Dios ES, no solamente todo lo que TIENE. Pablo dijo que esta �co-heredad� est� disponible para aquellos que sufran con Cristo. El t�rmino �sufrir con� no es el que se emplea normalmente para describir dolor f�sico y sufrimiento. El �nico lugar, aparte de �ste, en que se utiliza esta palabra es en I Corintios 12:26. All� se refiere a sufrir juntamente con otros miembros del cuerpo, esto es,�identificarse con� otros. Esta es la perspectiva correcta de sufrir con �l. Este sufrimiento con Cristo nos lleva de vuelta al cap�tulo sexto donde somos instruidos a considerarnos �muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jes�s, Se�or nuestro� (Romanos 6:11). �Porque si fuimos plantados juntamente con �l en la semejanza de su muerte, as� tambi�n lo seremos en la de su resurrecci�n� (Romanos 6:5). Reunimos los requisitos de co-herederos con Cristo al mantener una relaci�n de identificaci�n con �l � tanto en estar muertos al pecado, como en ser levantados con �l en novedad de vida. Deber�a estar claro que estar muerto al pecado no es el negarse a si mismo �sino negar al yo. Negarse a si mismo es una obra de la carne, y el negar al yo es una obra del esp�ritu. Teniendo esto en un enfoque correcto, Pablo sigui� diciendo que los sufrimientos presentes, (las pasiones y las emociones de la naturaleza ca�da con la que todav�a luchamos), �no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse� (Romanos 8:18).
�Cu�l es la gloria que ha de ser revelada en nosotros? Es llegar a una identificaci�n tal con el Se�or resucitado, que el pecado (estar de acuerdo con el adversario), no encuentra forma de expresi�n a trav�s nuestra. Significa que hemos sido unidos de tal forma a Cristo que �el pr�ncipe de este mundo viene y no tiene nada en m� (Juan 14:30). Habi�ndonos unido a �l en sufrimiento, tambi�n nos podemos unir a �l a decir, �Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que tambi�n tu Hijo te glorifique a ti;� (Juan 17:1). La glorificaci�n, es decir, la transformaci�n de �el cuerpo de la humillaci�n nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede tambi�n sujetar a s� mismo todas las cosas� (Filipenses 3:21), ser� la manifestaci�n final de los hijos de Dios. La manifestaci�n inicial de los hijos ocurrir� de la misma manera en que Jes�s, el primog�nito, fue revelado: fue manifestado para �deshacer (soltar e inactivar) las obras del diablo� (I Juan 3:8). Haci�ndolo, conden� al pecado, estando a�n en carne mortal (Romanos 8:3). Ahora es el tiempo para que sus hermanos se manifiesten, (Hebreos 2:11) �para que la vida de Jes�s se manifieste en nuestra carne mortal� (II Corintios 4:11). Pablo dijo que toda la creaci�n espera la manifestaci�n gloriosa de los hijos de Dios; los cuales, habiendo neutralizado al pecado, revelar�n la gloria y la fidelidad del Creador (vers�culo 19). La creaci�n ha esperado esa manifestaci�n desde que Dios dijo, �Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza; y se�oreen� (G�nesis 1:26). Toda la creaci�n espera, con expectaci�n ardiente, gimiendo y con dolores de parto, sabiendo que cuando vea una compa��a de hijos manifestando libertad de toda la influencia de pecado, tambi�n ella ser� �libertada de la esclavitud de corrupci�n, a la (misma) libertad gloriosa de los hijos de Dios� (vers�culos 19-22). El hombre que no ha sido regenerado (el cual es parte de la creaci�n) no sabe que est� buscando la revelaci�n de los hijos de Dios. Sin embargo, cada vez que alguien busca satisfacci�n y alivio de su frustraci�n y dolor a trav�s del alcohol, las drogas, el sexo il�cito, u otras formas de autoindulgencia, est� clamando por ser liberado de la esclavitud del pecado. Su dolor es una confirmaci�n m�s de que Dios ha hecho toda la creaci�n �sujeta a vanidad� (vers�culo 20), esperando que, en su ansiedad, se vuelva a �l pidiendo ayuda y liberaci�n. Qu� d�a ser� aquel en que una compa��a de gente viva en tal armon�a con su Creador, que ellos tambi�n est�n en completa armon�a con su creaci�n. Por un corto tiempo, Jes�s demostr� como ser�a tal armon�a (Mateo 17:27, Marcos 1:13, etc.). La creaci�n todav�a espera la manifestaci�n de toda la compa��a. �Y no s�lo ella, sino que tambi�n nosotros mismos, que tenemos las primicias del Esp�ritu, nosotros tambi�n gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopci�n, la redenci�n de nuestro cuerpo� (Romanos 8:23). Al nosotros esperar la adopci�n plena, un gemido de parto est� aumentando en todos los que ven el prop�sito supremo de la redenci�n. Sabemos que, en el momento de la adopci�n, un cambio glorioso se producir� cuando la mortalidad se vestir� de inmortalidad, y esto corruptible ser� cambiado por lo incorruptible (I Corintios 15:52-54). Finalmente, habremos sido totalmente redimidos y, habi�ndonos vestido de su naturaleza incorruptible, �seremos verdaderamente nacidos de Dios!
Al esperar esa redenci�n, �somos salvos en esperanza� (vers�culo 24; I Juan. 3:3). A�n al orar con gemidos que, a veces, son indecibles, �el Esp�ritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qu� hemos de pedir como conviene, no lo sabemos. Pero el Esp�ritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudri�a los corazones sabe cu�l es la intenci�n del Esp�ritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos� (vers�culos 26-27). Mirando los asuntos penosos que hay en la iglesia y en el mundo, el Esp�ritu Santo pone una carga creciente en nosotros de orar. Aunque pueda parecer que hay poca estabilidad en todos lados, podemos gozarnos y tener paz, sabiendo que �a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su prop�sito son llamados� (vers�culo 28). Tenemos que estar plenamente persuadidos en nuestros corazones de que Dios est� en control y que todo lo que ocurre a nuestro alrededor ocurre a su tiempo. Ha sido dise�ado por el Se�or para poner el escenario y proveer el ambiente para que se produzca la manifestaci�n de sus hijos. No permitamos que nuestra esperanza se apague, o que nuestra fe se tambalee. Pablo, reflejando la majestad del maravilloso plan de Dios, dijo, �Porque a los que antes conoci�, tambi�n los predestin� para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que �l sea el primog�nito entre muchos hermanos� (vers�culos. 29-30). F�jense en que cada definici�n del plan progresivo de Dios �se narra en tiempo pasado (llamado, justificado, glorificado)! Desde la perspectiva de Dios, nadie, o nada, puede impedir su prop�sito, ni evitar que sea cumplido en sus hijos. En lo que a �l concierne, est� terminado: a pesar de toda oposici�n, su plan es completo y es de �xito.
Aunque Dios ve su plan como algo ya terminado, nosotros no nos beneficiaremos personalmente de �l, o del llamado de Dios, hasta que no le respondamos a �l. Tampoco experimentaremos la justificaci�n hasta que estemos de acuerdo con Su palabra, y profesemos fe en la redenci�n que ha provisto para nosotros. Continuando en ese mismo principio, no experimentaremos liberaci�n total (glorificaci�n) del nivel corruptible hasta que �creamos que nuestra liberaci�n ha sido cumplida! Si creemos que ha sido terminada, entonces �viviremos como si lo crey�semos! ��Qu�, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, �qui�n contra nosotros? El que no escatim� ni a su propio Hijo, sino que lo entreg� por todos nosotros, �c�mo no nos dar� tambi�n con �l todas las cosas?� (vers�culos 31-32). A la luz de este maravilloso plan de Dios, �acaso hay alguna duda acerca del por qu� el ap�stol Pablo clam�, ��Qui�n se atrever� a acusar a los escogidos de Dios? �Dios es el que nos ha justificado!�? Con raz�n �l declar� con audacia, ��Qui�n tendr� la audacia de intentar traer condenaci�n sobre nosotros? �Cristo es el que muri� y resucit�!� Y, de nuevo, ��Qui�n es el necio que creer�a poder separarnos del amor de Cristo? �Dios mismo es el que nos ama!� �C�mo vamos a responder a estas cosas? �Continuaremos permitiendo que un adversario, ya derrotado, nos robe la libertad y la gloria que ya nos han sido compradas? �Habremos de escondernos en el polvo y la suciedad del mundo, y amendrentarnos ante un enemigo ya derrotado? �Continuaremos trabajando bajo la carga del pecado, y forcejeando con la verdad de la palabra de Dios, a�n despu�s de haber sido limpiados? Levant�monos pues valientemente en el Esp�ritu y proclamemos con convicci�n, �Antes, en todas estas cosas somos m�s que vencedores por medio de aqu�l que nos am�. Ciertamente, a la luz de un plan tan glorioso, permaneceremos fuertes y seguros en la maravillosa provisi�n de Dios. No permitiremos que nadie, ni nada, nos nieguen la decisiva victoria que se nos ha dado a trav�s de Cristo. Nos mantendremos �en el amor de Dios� en tanto que �buscamos la misericordia de nuestro Se�or Jesucristo� para traernos a una realidad plena de la vida eterna. Tenemos que entregarnos a el �nico capaz de mantenernos �sin ca�da� y presentarnos �sin falta delante de su gloria con gran alegr�a� (Judas 21,24). Toda la creaci�n est� esperando con ansia nuestra respuesta. �No le mantengamos esperando mucho m�s!
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